El último año nos ha recordado la naturaleza, que los humanos somos vulnerables y la vida es demasiado corta para seguir cultivando odios y rencores.

Las últimas dos décadas de nuestra sociedad humana, hemos asistido a grandes acontecimientos de cambio que nos han enseñado a convertirnos en seres resilientes.

Sin embargo, esto no ha sido suficiente frente al ultimo año y medio en el que percibimos que el sentimiento cotidiano es la angustia y el desastre. No hemos podido resolver dentro de nuestros hogares ese gran conflicto.

Aprender a manejar la angustia, es reconocer que hay muchos aspectos de nuestra vida que no dependen de nosotros exclusivamente y que hay batallas, que, aunque nos digan que son nuestras, no nos pertenecen. No estamos preparados para vivir con los puños cerrados. Como especie, nuestras manos deben estar siempre abiertas, creando, amando, brindando apoyo. Definitivamente, no empuñando. La única especie que puedo decir, que habita con los puños cerrados, es… ninguna.

Tendríamos que hacer oídos más bien, a darnos cuenta que el desconectarnos del optimismo y de la tranquilidad, nos saca el lado mas salvaje que los humanos que vivían en las cavernas no tenían opción de dejar de lado. Para ellos no había tranquilidad, y mucho menos optimismo. Eran solo momentos de supervivencia, de salir a cazar el alimento en grupos, de morirse mientras el grupo se trasladaba de caverna en caverna…  pero nosotros, no somos una sociedad que vive en las cavernas, a pesar de las restricciones de libre movilidad que tenemos hoy día.

En nuestros hogares están nuestros seres queridos, para inventarnos otro tipo de comunicación, no una relacionada con el deber ser y debes hacer: Comunicación tradicional en las casas es: Tienda la cama, lávese los dientes, recoja la ropa, limpie el baño… pero rara vez, una comunicación relacionada con la reflexión: que diferente sería por ejemplo: enséñame a tener la cama como lo haces tú… te habías preguntado hace cuanto los humanos necesitamos un colchón y cobijas par dormir? y comenzar una conversación histórica  que nos llevaría a sentarnos a la mesa y hablar de cómo nos gustaría cambiar algo nosotros mismos para ser mejores personas cuando todo esto, los desastres y las angustias reales pasen. Podríamos documentarnos y estudiar la historia de la humanidad en familia y sus diferentes momentos para no seguir repitiendo los mismos errores.

Pero estamos dejando perder tanto tiempo con mostrarnos impulsivos, arengando por todo, somos una sociedad que desconoce la constitución, que no entiende de solidaridad, de cuidar del otro, de generosidad.

Da vergüenza decirlo, pero de lo que mas me he dado cuenta cómo terapeuta el ultimo año, es que nos pasan tantas cosas negativas porque somos impulsivos e ignorantes. Porque queremos resolver todo levantando la voz, tirando un portazo, sacando la correa “porque aquí mando yo” cuando nadie quiere darse cuenta de que es el tiempo de cambiar de chip y empezar a relacionarnos desde la empatía, volvernos seres cívicos, amorosos, saber que también somos seres políticos porque sabemos gobernar dentro de nuestras casas. ¿Pero sabes que he escuchado? Que ese desastre que se escucha afuera con las instituciones, dentro de los hogares se vive igual o peor. Tengo casos de jóvenes adolescentes entre 19 a 26 años que están dentro de situación violenta en sus casas, porque su mamá y su papa no comprenden que para ellos el encierro no tendría que ser un asunto de deberes domésticos sino de tiempo de calidad y de diversión. Les prohíben estar conectados con sus amigos por internet hasta tarde, les prohíben cambiar los horarios de comida porque eso no se debe hacer, les exigen estar sonrientes cuando estas personas, que siempre les decimos, son nuestro futuro, tienen mucho miedo, no conocen algo llamado futuro y nosotros los más grandes, los mayorcitos de 40 deberíamos comprenderlos y darles mas fortalezas, esperanza, sabiduría.

No es la primera vez ni la última que estamos en situación de altísima incertidumbre y angustia, pero hay que recordar que la resolvimos y salimos adelante. Hablemos con nuestros adolescentes, nuestros niños, tratémoslos con paciencia, unión, y conexión, dejemos de prohibir y dar ordenes y encarguémonos de celebrar cualquier cosa cada día.

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Me cuesta tanto olvidarte

Sentir la vida significa saber elegir las situaciones en las cuales poder experimentar todas las emociones de tal manera que cada una de estas situaciones nos dejen algún aprendizaje y enseñanza.

 

La memoria es uno de los artilugios más admirados entre la misma especie, sin embargo, cuando esta no sabe diferenciar entre datos inservibles y tóxicos de aquellos que no lo son tanto, es cuando deseamos poder comprar una pastillita azul o roja en la farmacia y poder olvidar a esa o a ese que nos rompió el corazón.

Muchas veces nos hemos involucrado en relaciones que prometen hacernos felices y que duraran para siempre, pero, encuentro con asombro que para tantos es tan fácil mentir solo para obtener una recompensa tan banal como una cita romántica incluyendo intimidad que no se detienen a pensar en las consecuencias negativas que impactaran en la otra persona.

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No sé hasta donde puede llegar el egoísmo o la falta de amor por sí mismo para arrasar con la belleza de un amor verdadero, pero lo que sé es que las personas víctimas de estos mentirosos caen en depresiones profundas que aveces hay que medicar y tratarlas con acompañamiento psicológico porque la fortaleza mental y espiritual se han debilitado a causa de esa memoria emocional que funciona en conjunto con la memoria procedimental y la declarativa.

Escena de la película el lado bueno de las cosas

Esta memoria emocional nos ayuda a fijar nuestros recuerdos organizándolos en cajas con etiquetas específicas de acuerdo con cada emoción o vibración experimentada. Así que cuando algo nos hace reír, nos produce placer o nos contagia de tristeza, somos capaces de evocar esa experiencia más fácil y rápidamente que otro tipo de memorias.

Por ello es que al terminar una relación, una tusa se convierte en un detonador de malas decisiones, de estados prolongados de frustración, de intenso dolor, de alargado sufrimiento y de sembrador de tristezas.

Los pensamientos recurrentes son los de “se burló de mí” “nadie me va a querer jamás” “el amor es una cosa horrible” “tengo miedo a quedarme sola”

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Con las nuevas técnicas se hace más rápido encontrar los caminos eficientes para ayudar a una persona que esta padeciendo de esta situación. El mindfulness trae consigo grandes ventajas a la hora de elaborar cierres de ciclos y resignificar las memorias emocionales haciendo énfasis en memoria sensitiva (icónica, ecoica y háptica) que trabajan con estímulos visuales, sonoros y táctiles para hacer presente las motivaciones positivas que generen de vuelta en la persona su confianza, su amor propio y su seguridad en las decisiones futuras.

 

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